Vacaciones policiales, picaresca criminal

Vacaciones estivales. Los delincuentes aprovechan los días de asueto y relax de los ciudadanos para agudizar su ingenio criminal y hacerse con preciados y pequeños tesoros.

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A lo largo de cada año la Policía Nacional y la Guardia Civil y en vísperas de vacaciones veraniegas o de Navidad se reúnen con asociaciones de vecinos y comerciantes para informarles de los planes de seguridad previstos para estos días poniéndolos al tanto de las nuevas peripecias de los delincuentes cuya imaginación cada vez es mas notoria y técnicas para neutralizar las aviesas intenciones de los delincuentes. Aunque no se puede hablar de cifras oficiales, en fuentes dedicadas a la investigación de estos delitos, calculan que los establecimientos medianos y las grandes superficies comerciales instaladas en toda la provincia de Almería suelen tener anualmente unas perdidas estimativas en torno a los seis o siete millones de euros cada año como consecuencia de los pequeños robos y hurtos al descuido. Una plaga que pese a la determinante presencia de los agentes privados de seguridad se acentúa notablemente en determinadas fechas del año.

Según algunas fuentes consultadas de los distintos servicios de Seguridad Privada encargados de estos controles y vigilancia en este tipo de establecimientos en Almería, los perfumes, las botellas de whisky, compac-disc, DVD, cámaras de fotos y pequeños objetos de valor son los principales productos que a diario sustraen tanto ocasionales clientes o como en algunas otras ocasiones los ladrones son los propios empleados aunque este porcentaje suele ser bastante bajo y solo se han dado en casos puntuales.

Son pequeños objetos de deseo. Ninguno suele costar más de 30º 50 euros pero todos juntos provocan un verdadero 'saqueo' anual que los establecimientos almerienses afrontan año tras año. Estos pequeños delitos constituyen realmente una pesadilla para los comercios del centro, de las barriadas y superficies comerciales.

Sin embargo los datos de la AECO (Asociación Española de Codificación Comercial) llegaron a hablar en años anteriores de pérdidas totalmente escalofriantes cifrándolas en más de 1.700 millones de pesetas en todo el país. Se afirma que el 53 por ciento de estos robos o sustracciones al descuido se les atribuyen a clientes, el 24 % a hurtos de los propios empleados y el 23 por ciento restante a errores administrativos.

No obstante en la provincia de Almería las cifras son de tipo medio y solo sufren alteraciones en determinadas fechas del año como en cualquier otra ciudad española en época de rebajas, Feria de Agosto o en Navidad y Reyes

Los perfumes, la lencería, videojuegos, CD y DVD junto a las botellas de whisky son los productos que con más asiduidad desaparecen de las estanterías y se deslizan con sigilo en el interior de bolsos, chaquetas, abrigos o por debajo de faldas y jerséis. No en vano el invierno es precisamente la época del año en la que se producen más hurtos al descuido, al calor de las prendas de abrigo, que se convierten en el escondite perfecto.

En el sector se las conoce como "pérdidas desconocidas", que no es más que simplemente todo aquello que nadie puede explicar a dónde ha ido a parar cuando se hace inventario. Son los hurtos, es decir las sustracciones en las que no hay ningún tipo de violencia ni intimidación.

Pese a las medidas de seguridad existente, cada vez más sofisticada, las empresas que más sufren estos hurtos suelen ser las grandes superficies comerciales. El motivo estriba, pese a que la vigilancia es más intensa y existen cámaras situadas estratégicamente en los locales, es que este tipo de establecimientos reúnen dos características básicas que disparan las probabilidades de robo. Hay más metros de exposición y un mayor flujo de personas.

Las secciones de perfumería o de música son las que mas padecen el 'bocado' de estas desapariciones imprevistas, seguidas muy de cerca por los stands de vinos y licores.

Esto explica que algunos establecimientos opten por guardar estos artículos bajo llave. Las pilas, las cuchillas de afeitar, pequeños electrodomésticos o los CD comparten los primeros puestos de este peculiar ránking que suelen llevar de cabeza a los servicios de seguridad.

El procedimiento a seguir si se detecta el hurto suele ser casi siempre el mismo. Se invita al cliente a abonar el producto "cogido por error" al tiempo que se le recuerda que no está obligado a mostrar el bolso cuando abandona el establecimiento y que solo la policía es la única autoridad competente para registrar a la persona.

Casi siempre la sola sugerencia de pago y el verse descubierto suelen despertar los nervios del ladrón que, o bien entrega el artículo, o bien termina pagándolo antes que comparecer ante la Policía, aunque también están los sujetos que no se amedrentan y montan un escándalo o los que reaccionan de la forma más sorprendente

En todos los casos hay que denunciar siempre, aunque los comerciantes lamentan que muchos establecimientos no lo hagan, porque el proceso es "engorroso".

Un elevado número de cleptómanos o especialistas en este tipo de hurto al descuido corresponden mayoritariamente a jóvenes, menores de treinta años y los días de mas incidencia suelen tener estos establecimientos son los viernes y sábados por la tarde entre la una y las cinco y a partir de las siete. Referente a la mujer no hay un perfil fijo, aunque el de ama de casa es el que más se repite, también porque son las que más hacen la compra. Sin embargo las autenticas pesadillas para los comercios son las descuideras o descuideros profesionales que trabajan en grupos y utilizan cientos de artimañas para apoderarse de estos efectos sin pagar.

En los últimos años en determinados municipios de la provincia han proliferado algunas bandas organizadas integradas por ciudadanos extranjeros, especialmente de países del Este especializados en estos hurtos en comercios. Su fuerte es el whisky. Esta gente "trabaja" a mediana y gran escala y están bastante bien organizados. Se han dado casos de que en un día han llegado a robar en diez o veinte tiendas. Uno de los sujetos se queda en el coche y otros dos entran en el local para en un descuido apoderarse de varias botellas de licores camuflándolas entre las ropas y luego aprovechando las aglomeraciones en las cajas salir "distraídamente". Después las revenden a menor precio en bares o pubs de propietarios poco escrupulosos con los que están compinchados.

Aunque en otras ocasiones los ladrones están de puertas para adentro. Desafían a las cámaras de seguridad y a los propios vigilantes sumándose a este grupo de delincuentes. Suelen ser trabajadores eventuales entre los 18 y 30 años y se apoderan de productos valorados entre los seis y treinta euros, aunque hay casi un veinte por ciento de estos empleados infieles que suelen "meter" mano a la caja. Cobrar un producto sin escanearlo o llegar a acuerdos con algunos proveedores sin escrúpulos para repartirse después parte de la mercancía son los procedimientos más habituales.

Fuente: elalmeria.es

 

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